He leído hace poco un artículo sobre obras de arte que me ha gustado mucho y en el que me he encontrado esta frase que me llamado especialmente la atención:

Las buenas obras de arte despiertan sentimientos y sensaciones. Cuando un artista trabaja en una idea, normalmente quiere expresar emociones, como alegría, angustia, tristeza, euforia, amor, serenidad. Si estás parado frente a algo que no te despierta absolutamente nada, sigue caminando.



En muchos sitios, cuando intentan explicar qué es una buena obra de arte y qué no, te encuentras con explicaciones sobre la trayectoria del artista, formación, premios, galerías que le apoyan, etc, etc… y sí, ciertamente todo ésto es importante. Un artista con una estupenda formación y una carrera profesional brillante, ya está reconocido por el mundo del arte por su trabajo y la calidad de sus obras.


Pero donde yo quiero hacer hoy hincapié es en los artistas que no tienen ese recorrido tan exitoso, pero que ponen el alma en su obra… y es más, no sólo lo ponen, ¡sino que tú lo ves, lo sientes! ¡y eso es muy complicado!


Me ha pasado en ciertas ocasiones que al ver una obra de algún artista (conocido o no) instantáneamente me han asaltado sentimientos, emociones, recuerdos, ganas de saltar, de vivir… o incluso de llorar. Eso, para mí, es el mayor logro de un artista. La persona que a través de los colores, las formas, las luces, lo que pinta, lo que no pinta… todo ello unido, te hace sentir y tener ganas de seguir mirando el cuadro durante un buen rato. Para mí, esos son los verdaderos artistas. Aquí os dejo mi reflexión de hoy 🙂